domingo, 19 de julio de 2009

La Fuente de la Belleza


Una de las características de nuestra cultura es una cierta relatividad en todo, aludiendo a una noción que algunos consideran científica, se nos enseña que las ideas son válidas mientras no se compruebe otra cosa, esto es cierto, al decir de Platón en el mundo de las opiniones, pero no podemos elevar este relativismo a todo porque allí comenzamos a perder no solo los pilares del conocimiento y la filosofía, sino los del mismo ser humano.

Uno de los aspectos donde este relativismo se usa y abusa es en la noción de belleza, llegando a afirmar incluso que lo feo también puede ser bello, por eso el Arte ha caído en el mundo de la opinión y ya no se busca esos imponderables de las Ideas que mencionaba Platón sino que cada cual hace arte "como se le da la gana" o peor todavía, "como mande el mercado".

La intención original fue hacer un comentario a los textos que aparecen a continuación, pero hemos querido mejor dejarlos a la reflexión de cada uno de nuestros lectores, siempre es muy útil el contacto directo con las fuentes y por eso les invitamos a reflexionar y disfrutar de estos tres pequeños textos: el primero de Dionisio, el segundo de Platón, el tercero de un tratado de pintura oriental y el cuarto de Coomaraswamy.

Lo bello supraesencial es llamado también Belleza a causa de esa cualidad de embellecimiento que dispensa a todo ser en la medida de la capacidad propia de cada uno, y también a causa de que las efusiones de esa Fuente irradiante que mana de Sí misma las hace irradiar, como la luz, sobre todas las cosas para cubrirlas de belleza, y, finalmente, a causa de que todo lo llama a Sí -de ahí que lo llamen hermoso- y reúne en su propio seno todo en todo.

Ahora bien, si es llamado Bello, es a causa de que a un tiempo contiene toda belleza y sobrepasa cualquier belleza, y a causa de que permanece eternamente bello, de belleza idéntica a sí misma y constante, y de que no nace ni perece, y de que no crece ni decrece, pues no es bello en esto y feo en aquello, ni unas veces bello y otras feo, ni bello según los puntos de vista, los lugares o los modos de considerarlo, sino, antes bien, de una belleza constante que permanece la misma en sí y por sí, conteniendo anticipadamente en sí y de modo trascendente la fuente original de toda belleza.

Porque en esta naturaleza simple y maravillosa, común a todo ser hermoso, no hay belleza ni nada bello que no preexista en forma única como en su causa. Es esa belleza la que permite que cada ser sea hermoso según la proporción que le corresponde; es esa Belleza la que produce toda adecuación, toda amistad y toda comunión; es esa Belleza la que produce toda unidad y es principio universal, pues produce y mueve todos los seres y los conserva dándoles el amoroso deseo de la propia belleza de los seres. Para cada cual constituye, pues, tanto el límite como el objeto de amor, puesto que le es causa final -pues es el deseo del Bien lo que causa la existencia de los seres- y modelo -pues es a Su imagen como se define todo- . Por eso lo Bello se identifica con el Bien, pues sea cual sea el motivo que mueva los seres, a lo que tienden es siempre al Bello-y-Bien. Habrá que llevar la audacia hasta afirmar que también el No-ser participa en el mismo Bello-y-Bien, pues es hermoso y bueno celebrarlo en Dios por la negación de todo atributo. Es Uno a la vez Bello y Bueno a causa de toda la pluralidad de cosas bellas y bienes.

(De Divinis Nominibus, IV.7.)

«Al que hasta aquí ha sido instruido en el saber del amor y ha considerado las cosas bellas una después de otra en el orden debido, le será súbitamente revelada la maravilla de la naturaleza de la Belleza, y es por esto, oh Sócrates, por lo que se emprendieron los trabajos anteriores.
Esta Belleza, en primer lugar, existe siempre, no nace ni muere, no crece ni decrece; en segundo lugar, no es bella desde un punto de vista y fea desde otro, o en un respecto y un lugar bella y en otro tiempo o en otro respecto fea, de tal modo que sea bella para unos y fea para otros... sino que es la Belleza absoluta, siempre existente en uniformidad consigo misma, y tal que, mientras que toda la multitud de cosas bellas participan de ella, nunca aumenta ni disminuye, sino que permanece impasible, aunque aquéllas nazcan y mueran... La Belleza en sí, entera, pura, sin mezcla... divina y coesencial consigo misma.»

Banquete, 210 E, 211 B

El materialista se ocupa de asuntos mundanos. El hombre esclavizado por el mundo material vive en un estado de tensión. El que estando tenso elabora sus cuadros se destruye a sí mismo. El que se mueve entre el mundanal ruido toma el pincel y la tinta con cautela y aprensión. El medio ambiente influye así en el hombre, dándole y haciéndole, a la postre, infeliz. Yo acepto el mundo tal y como viene, me acomodo superficialmente a los poderosos, alcanzo así la paz espiritual.

La pintura llega con la paz mental. La gente entiende de pinturas, mas no entiende las pinturas de pincelada única.

Porque lo más importante en el trabajo artístico es la contemplación. Cuando se contempla el Uno (la unidad de todas las cosas) se siente gozo. Es entonces cuando las pinturas logran una profundidad misteriosa, insondable.

Creo que anteriormente nadie ha dicho esto, y por eso lo recalco.

Tratado de arte de SHIN T'AO (1641-1717)

No hay grados de belleza; la expresión más compleja y la más simple nos recuerdan un único estado. La sonata no puede ser más bella que la canción más sencilla, ni la pintura del dibujo, sólo a causa de su mayor elaboración. El arte civilizado no es más bello que el arte salvaje sólo por su ethos tal vez más atractivo. Encontramos una analogía matemática si consideramos círculos grandes y pequeños, los cuales difieren tan sólo en su contenido, no en su circularidad. Del mismo modo, no puede haber ningún progreso continuo en el arte. En cuanto una intuición dada ha alcanzado una expresión perfectamente clara, sólo queda multiplicar y repetir esa expresión. Esta repetición puede ser deseable por muchas razones, pero casi invariablemente implica una decadencia gradual porque pronto empezamos a dar por supuesta la experiencia. La vitalidad de una tradición persiste tan sólo mientras es alimentada por la intensidad de la imaginación. Sin embargo, lo que entendemos por arte creativo no tiene una conexión necesaria con la novedad del tema, aunque ésta no esté excluida. El arte creativo es el arte que revela la belleza allí donde de otro modo la habríamos pasado por alto, o que la revela con mayor claridad de lo que antes habíamos percibido. La belleza a veces es pasada por alto justamente porque ciertas expresiones se han vuelto, como solemos decir, «trilladas»; entonces el artista creativo que trata el mismo tema restaura nuestra memoria. El artista es desafiado a revelar la belleza de todas las experiencias, nuevas y viejas.

Muchos han insistido con razón en que la belleza de una obra de arte es independiente de su tema, y, en verdad, la humildad del arte, que halla su inspiración en todas partes, es idéntica a la humildad del Amor, que considera por igual un perro y un Brahmán -y de la Ciencia, para la que la forma más baja es tan significativa como la más alta-. Y esto es posible porque se trata de un único todo indiviso. «Si vemos una forma bella, es Su reflejo que resplandece a través de ella».

Se verá ahora en qué sentido está justificado hablar de una Belleza Absoluta e identificar esa belleza con Dios. No queremos dar a entender con esto que Dios (que no tiene partes) tenga una forma hermosa susceptible de ser objeto de conocimiento, sino que en la medida en que vemos y sentimos la belleza, lo vemos y somos uno con El. El que Dios sea el primer artista no significa que creara formas, que habrían podido no ser hermosas si la mano del alfarero hubiese fallado, sino que todo objeto natural es una realización inmediata de Su ser. Esta actividad creadora es comparable con la expresión estética en su carácter no volitivo; ningún elemento de elección entra en este mundo de imaginación y eternidad, sino que siempre hay una perfecta identidad de intuición-expresión, de cuerpo y alma. El artista humano que descubre la belleza aquí o allá es el guru ideal de Kabir, que «revela el Espíritu Supremo dondequiera que se aplique su mente».

LA BELLEZA ES UN ESTADO (extracto) Ananda K. Coomaraswamy

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